[Perro que ladra, no muerde: Doogtooth]


Existe un firmamento análogo donde Yorgos Lanthimos y los personajes de sus películas luchan por subsistir. Los últimos; frecuentemente buscan el poder: perseguirlo, retenerlo, ofrecerlo, jugar con él y, en algunos casos, parece renunciar por completo a engañar a sus rivales en un juego complejo de persecución. 

Inyecta al espectador en el cerebro de una manera perturbadora y extraña su historia como un goteo enganchado a una botella de LSD. El mundo idílico entero de una familia que vive confinada en su propia casa sin poder salir comienza a colapsar gradualmente cuando se cae en cuenta que sólo el padre se atreve a enfrentar lo desconocido afuera. Él; es su procreador, su proveedor, su protector y su verdugo en orden ascendente de importancia. Les  advierte de los “peligros” que acechan el perímetro de la casa. Cosas temibles, criaturas viciosas y mortales: un gato, por ejemplo. 

Los movimientos de cámara y las composiciones son el arma favorita de Lanthinos. La iluminación difusa y de bajo perfil o la brillante luz solar del exterior. Otra crítica social. Una sátira sobre la manera de como quién tiene el poder puede oprimir a los de abajo. Posiblemente una metáfora de cómo un estado totalitario puede dejar a sus súbditos tan indefensos hasta consumirlos. Una visión de la realidad distorsionada, sin esperanzas. ▲ Dogtooth (2009) dir. Yorgos Lanthimos. Grecia. • • •


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